ES UN ORGULLO . . .

En un mundo donde la sombra de los no-muertos acecha en cada rincón, la fecha del 4 de febrero se erige como un monumento a la memoria de un maestro: Andrew George Romero. Su legado comenzó en 1968 con "La noche de los muertos vivientes", una obra que no sólo redefinió el género del terror, sino que también sembró las semillas de un culto que aún florece en la cultura popular.

El apocalipsis zombi, esa inquietante visión de un futuro donde la humanidad es devorada por sus propios excesos, cobró vida bajo su dirección. Con cada inquietante escena y cada grito desgarrador, Romero nos llevó a confrontar nuestros miedos más profundos. Los zombis, esas criaturas que caminan entre nosotros, son un reflejo de la sociedad: deshumanizados, consumidos por el deseo insaciable y la desesperación. En su universo, los muertos no solo regresan para saciar su hambre, sino que también sirven como espejo de nuestras propias debilidades.

Así, en este día que los fanáticos han consagrado como "el día del orgullo zombi", nos sumergimos en una atmósfera oscura, donde lo macabro se convierte en arte y la muerte en un espectáculo fascinante. ¿Acaso lograremos escapar de esta horda que nos rodea? En el fondo, todos sabemos la verdad: los zombis están por todas partes, y tal vez, en nuestro interior, llevamos uno siempre presente, esperando el momento de despertar.